Letrero del Mundo

Asier Pérez Riobello

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Solaris (Stanislaw Lem)

Escrito por letrerodelmundo 24-05-2017 en Crítica. Comentarios (0)

Tenía muchas ganas de comentar este libro. Es un clásico de la ciencia ficción y, además, está escrito por uno de mis autores favoritos. Para mí, Lem fue un maestro en muchos sentidos, y su fallecimiento fue una gran pérdida para el mundo de la literatura. Releyéndolo, he disfrutado una vez más de su sensibilidad, de su técnica literaria y del inmenso legado que nos dejó a todos.

Solaris es un libro breve, pero muy complejo, así que intentaré contaros de qué trata sin desvelar del todo su trama.

Ante el envío de una señal de socorro, Kris Kelvin es enviado a la Estación Solaris para investigar qué ha ocurrido en su interior. Cuando llega a la estación espacial, que gira alrededor del planeta Solaris, descubre que sólo hay dos supervivientes. Ambos parecen haberse vuelto locos, no se hablan entre sí y se niegan a explicar qué ha sucedido durante los últimos meses. Al poco de llegar a la estación, Kelvin se enfrenta a lo que parece ser el problema fundamental: su mujer, que se había suicidado años atrás, aparece delante de él. No un fantasma, no una alucinación, sino su mujer en carne y hueso. Come, bebe, abre y cierra puertas, habla con él... Harey parece sumida en una especie de sueño pesado, pero lentamente empieza a recobrar la memoria, y vuelve a ser la de antes plenamente. Los otros miembros de la estación parecen recibir visitar similares cada cierto tiempo, sin un motivo aparente, con la sobrecarga emocional que ello acarrea. Kelvin tendrá que enfrentarse a sus propios miedos, mientras investiga la naturaleza del planeta Solaris, que parece ser el detonante de todo, un inmenso océano dotado de una inteligencia extraña, capaz de materializar los pensamientos de las inteligencias humanas que tratan de estudiarlo pacientemente.

Estamos ante un clásico de la ciencia ficción, lo cual no quiere decir que sea un libro perfecto. La trama de Solaris es en ocasiones imperfecta y hermética. Casi se diría que estamos ante un libro de Borges o Bioy Casares. A veces, sus descripciones resultan escasas o difíciles de recrear. Algunos lectores reconocen sus dificultades a la hora de seguir la historia, o advierten que la novela les parece repetitiva... Todas esas objeciones tienen su fundamento, y es justo pensar sobre ellas. Pero, teniendo en cuenta las dotes técnicas de Stanislaw Lem y sus preocupaciones filosóficas (Solaris es, hasta cierto punto, un tratado encubierto de fenomenología o metafísica), me atrevería a decir que todos esos errores se derivan de la propia historia. Creo que Lem da rienda suelta a la conciencia del personaje porque el libro trata precisamente de eso: de la capacidad creativa del hombre o de cualquier ser inteligente, y también de la incapacidad para establecer una comunicación plena entre varias inteligencias. Por lo tanto, todo parece una especie de sueño o pesadilla, una recreación de la realidad imperfecta, pero al mismo tiempo sugerente y artística. Nuestros pensamientos florecen de manera anárquica, al igual que las edificaciones simétricas que parecen brotar del propio océano extraterrestre. Sólo podemos esperar a que el bueno de Kelvin, cada vez más atrapado por sus propias percepciones (percepciones reales, por cierto, ya que los otros miembros de la estación también ven a su mujer), decida si destruye esa pesadilla que parece rodearle o si prefiere abandonarse dentro de ella, sabiendo que su nuevo amor es imposible. Porque Solaris es también una novela de amor en clave de tragedia: Kelvin no puede quedarse en la estación sin perder la cordura, y Harey no puede regresar con él sin desaparecer de su vida nuevamente. Ambos, realidad y ficción, ficción y realidad, están condenados a entenderse a duras penas, y probablemente a decirse adiós para siempre.

La prosa de Stanislaw Lem es extraordinaria. Domina perfectamente la frase corta, la frase larga, la adjetivación y la puntuación. Cuando quiere, puede ser terrorífico (la novela tiene momentos realmente aterradores), o sensible hasta límites poéticos. En apenas 250 páginas le da tiempo a todo: describe el planeta, narra la historia de la investigación sobre el misterioso oceáno (laten ecos borgeanos), desencadena un conflicto tecnocientíco (¿se pueden destruir esas extrañas apariciones?) y deleita al lector. Hay mucha técnica literaria en este pequeño polaco, así que conviene leer atentamente y sin perder el ritmo. Todo tiene sentido en esta pequeña novela de fantasía, todo tiene el aroma de la ficción sincera y evocadora. Yo creo que Solaris es un libro escrito para perderse dentro de él, al igual que los exploradores espaciales buscaban perderse entre las simetrías del océano inteligente. Y al final, en medio de tanta pregunta sin respuesta, y de tanta búsqueda incansable sobre la verdad, Stanislaw parece decantarse por la simple contemplación estética. Porque la simple contemplación estética es, tal vez, lo único responsable que puede hacer el explorador-lector ante los enigmas de nuestro universo.

Sí señor, os recomiendo este libro. Si os gusta la buena literatura, aunque sea imperfecta, debéis enfrentaros a estas 250 páginas. Bienvenidos al maravilloso mundo de Stanislaw Lem. Bienvenidos al planeta Solaris. Bienvenidos a la literatura con mayúsculas.

Asier Pérez Riobello


Los cuerpos extraños (Lorenzo Silva)

Escrito por letrerodelmundo 24-04-2017 en Crítica. Comentarios (0)

Más novela española, aprovechando el rebufo de mi lectura anterior. Esta vez, género negro.

Hace tiempo, leí una novela de Lorenzo Silva perteneciente a su saga sobre el brigada Bevilacqua. Recuerdo que no me gustó demasiado, me pareció que los resortes de la investigación eran demasiado forzados. Aun así, me entretuvo bastante. Este libro pertenece a la misma saga, así que ya conocía a los personajes principales. Por desgracia, el resultado ha sido similar. Novela bien escrita, muy entretenida, sustentada en diálogos... pero nada más. Trataré de explicarme.

La historia es sencilla: la alcaldesa de un pueblo levantino ha sido asesinada, y nuestros héroes Bevilacqua y Chamorro tratarán de descubrir quién es el asesino. En su investigación, se toparán con una trama de corrupción compleja que tendrán que desentrañar. Al estar escrita en primera persona, el peso de la lectura recae sobre la psicología de Vila (abreviatura de Bevilacqua). Afortunadamente, Silva ya está muy acostumbrado al personaje, y redacta las páginas con mucha soltura. Vila es un hombre encantador; es guapete, muy simpático y responsable. Es un buenazo. Su relación con Chamorro es delicada y profesional. Probablemente, exista algo más entre ellos, pero de momento Silva no ha querido transformarlos en pareja. Ella también es encantadora, una mujer muy profesional y decidia. Los aspectos sentimentales se tratan con mucha normalidad (son amigos) y su relación es muy comunicativa. Vila es, además, padre de un adolescente, divorciado, y suele tener alguna relación sentimental de vez en cuando. Su único pasatiempo destacado es pintar. Estudió psicología, pero no tuvo suerte y al final acabó en la Guardia Civil. Le gusta su trabajo, pero no es un hombre militarista.

En cuanto a la trama, es muy sencilla. La investigación no tiene nada que ver a lo que vemos en series americanas. Aquí se tarda tiempo en resolver el crimen, se entrevista a todo el mundo, se pinchan teléfonos y se coje mucho el coche. Es decir, se trabaja. Da muy buena sensación, en este sentido, la novela de Lorenzo Silva. Redactada con cierta sorna (es imposible que Vila te caiga mal), todo tiene un desarrollo bastante creíble, pero también demasiado cinematográfico. Lorenzo se niega a escribir novelas densas, no le gusta, no es de ese tipo de escritores. Apenas describe. Si el grupo decide desayunar, no sabemos en qué consiste el desayuno. Si decide visitar la playa donde ha aparecido la muerta, no sabemos cómo es la playa. Silva deja que seamos nosotros mismos los que completemos la información ausente. Gracias a eso, se gana velocidad y la lectura es agradable. A cambio, la novela es demasiado comercial. Yo hubiera preferido más descripciones, más introspección, más detalles. No sólo interrogatorios y viajes que funcionan a la manera de elipsis.

Poco más puedo decir del libro. Los diálogos son ágiles, los personajes están bien definidos... y cada lector va imaginando el asunto a su manera. Este es, para mí, el punto flojo de la novela, más alla de lo predecible o no predecible que nos resulte la trama. Por lo tanto, os recomiendo el libro como novela ligera, como lectura primaveral sin demasiadas implicaciones. Es un trabajo entretenido. Pero, si preferís novelas negras más completas e interesantes, buscad en otro lado. Y si queréis leer algún libro de Lorenzo Silva, no escojáis esta novela para empezar. Las tiene mucho mejores, aunque reconozco que yo soy de los simpatiza con el bueno de Vila.

Asier Pérez Riobello

Falcó (Arturo Pérez-Reverte)

Escrito por letrerodelmundo 18-04-2017 en Crítica. Comentarios (0)

Esta vez, un poco de literatura española, que ya tocaba.

Tengo que confesar que nunca me ha gustado Arturo Pérez-Reverte. En total, habré leído unas diez novelas suyas (me cuesta contar cuántas son, mala señal) y todas me han decepcionado. Por alguna extraña razón, este mes decidí leer su último trabajo, una novela de espías ambientada en la España de la guerra civil. El resultado ha sido más interesante del que esperaba.

En Falcó, Reverte nos cuenta las peripecias de un espía que trabaja en el bando nacional. No tiene ideología, no tiene simpatía hacia ningún bando, simplemente se dedica a ejecutar las órdenes que le dan sus superiores con frialdad. Es un hombre cínico y violento, pero también valiente. Es decir, es un personaje made in Reverte, una mezcla entre Alatriste y James Bond. Pues bien, a Lorenzo Falcó le encargan liderar un grupo de mercenarios para liberar de la cárcel a, nada más y nada menos, José Antonio Primo de Rivera. A lo largo de su viaje y durante la misión, entablará amistad (es un decir, Falcó no tiene amigos, es un tipo duro) con estas personas, especialmente con Eva Rengel, y tratará de salvar su vida cuando la misión tome un giro inesperado. Teóricamente, el libro también es un reclamo para conocer la España convulsa de aquellos años tan duros.

Pienso que Falcó no es un buena novela. En absoluto. La trama es, cuando no previsible, un conjunto de tópicos mal hilados. Desde el comienzo, ya sabemos que nadie liberó a Primo de Rivera, así que el giro de la misión está demasiado justificado. Por otra parte, el propio giro (que no desvelaré) está mal explicado y no se comprende a tiempo el papel qué juegan ciertos personajes. La historia de amor es algo insulsa y, para mí, los personajes que rodean a Falcó están escasamente dibujados. El propio personaje principal navega siempre entre un par de estados de ánimo sin matizar, como si a Reverte le costara encontrar el registro adecuado. Por si fuera poco, se profundiza escasamente en la sociedad de la época, en las costumbres, los paisajes o las cosas mismas. Quizá con la intención de no ofender a nadie, el autor ha preferido pasar por encima de cualquier asunto espinoso, y lo que ha conseguido es un trabajo literario superficial.

Pero hay cosas positivas en este trabajo. En primer lugar, está escrito sin pretensiones ambiciosas. Yo hubiera preferido leer un thriller de espías denso e informativo, pero desde el principio comprendí que esta novela no iba en esa dirección. En un libro corto, que pretende rápido, sin mayores complicaciones. En segundo lugar, creo que Reverte ha mejorado como escritor. Sigue describiendo muy mal, y su sentido del humor no me hace ninguna gracia (serán cosas mías), sin embargo, se le ve muy suelto en los momentos de acción. Incluso he llegado a emocionarme con el comportamiento de Lorenzo Falcó, algo que nunca había sentido con las novelas de Reverte. El estilo del libro es espontáneo, construido a base de frases cortas, con cierta sorna. Los diálogos son breves y aderezan la lectura.

Soy consciente de que Falcó no es el mejor libro de Arturo Pérez Reverte, pero tengo que reconocer que me he entretenido leyéndolo. Por lo tanto, si buscáis una lectura ligera, os recomiendo este trabajo. Si sois de los que buscan libros intensos y complejos (es decir, mejores), tal vez deberíais probar con otra novela. Y quizás con otro autor.

Asier Pérez Riobello

El exorcista (William Peter Blatty)

Escrito por letrerodelmundo 23-01-2017 en Crítica. Comentarios (0)

Con la única intención de estrenar mi nuevo ebook, decidí leer una novela comercial, rápida de asimilar. Encontré casi por casualidad el clásico de Blatty y pensé que era una buena opción (la película siempre me ha parecido una maravilla), así que cargué el archivo y la leí.

El exorcista es una de esas novelas que se ha visto perjudicada por su adaptación cinematográfica, lo cual no es necerariamente malo. Sé que el libro vendió mucho en su momento, pero no creo que se lea demasiado en la actualidad. Es una de esas historias que, de tanto repetirse, han terminado siendo de dominio público. Es como si todo el mundo entendiese que ya conoce la historia, y que, en consecuencia, no es necesario leerla. Por desgracia, este planteamiento es bastante acertado.

Yo diría que el libro parece un guión cinematográfico convertido en novela, algo lógico siendo el autor guionista de cine. Me refiero a que, probablemente, por una cuestión de deformación profesional, Peter Blatty cultivaba un estilo directo y visual. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por un lado, la lectura es muy cómoda. Por otro lado, la prosa no termina de levantar el vuelo. Las frases son muy cortas, casi parecen apuntes de guión, y los diálogos muy extensos (ni siquiera hay atribuciones de diálogo). Blatty tampoco se complica la vida a la hora de estructurar su novela: planteamiento, nudo y desenlace, siendo este último (el propio exorcismo) demasiado atropellado. En cuanto a los personajes, están bien construidos, bien mostrados, y sus motivaciones son comprensibles. El padre Karras y la madre de la niña se convierten, por supuesto, el centro de la novela. El primero es el que más profundidad adquiere durante el transcurso de la lectura; es un hombre inteligente, atractivo, pero atormentado por su falta de fe (eso en teoría, porque en la práctica es un santo varón); la madre es una mujer sensible, moderna, devastada por la extraña enfermedad de su hija. Por desgracia, su personaje se va diluyendo demasiado hacia el final del libro. Hay otros dos personajes secundarios: el policía y un sacerdote amigo del padre Karras. También el criado Karl tiene su interés, y es el único personaje que cuenta con un desarrollo mayor que en la adaptación cinematográfica. Nuevamente, Blatty no lo desarrolla demasiado. La niña ocupa en centro de la trama, sin embargo, es un mero reclamo para activar todos los resotes de la historia. El otro exorcista, Lankester Merrin, es un personaje casi testimonial.

Lo interesante de este libro, más allá de su carácter como novela de terror, es que refleja muy bien los intereses culturales de la sociedad norteamericana de los años setenta: la superstición, la psiquiatría y las drogas. Bajo esta célebre historia, tan bien adaptada al cine, late un cierto aire contracultural. Todo muy hippy, en realidad. Los curas son inteligentes, avispados, muy formados. Están en el presente. Son científicos. La superpechería no procede de ellos, sino de prácticas populares (los rituales satánicos que pululan por el barrio que rodea a la casa). El diagnóstico de Reagan es el detonante para mostrar las diferentes enfermedades mentales que empezaban a tratarse médicamente durante aquellos años: esquizofrenia, paranoia, doble personalidad, histeria. Se detallan todos los calmantes, sedantes, estimulantes y sueros que se le inyectan a la niña durante su agonía. Es decir, no es un libro que busque impresionar, sino informar. Es un tratado cientítico encubierto. Y también una novela policíaca encubierta. De hecho, aunque es evidente que el origen de los males de Regan es el demonio Pazuzu (¿y no el diablo mismo?), percibo ciertas reticencias por parte del autor. Es como si no quisiera abrazar del todo esa posibilidad, como si estuviera más conforme con la deriva psiquiátrica de la historia.

Mas allá de esto, me temo que El exorcista es un libro sin demasiado interés. Es entretenido, fácil de leer, y no tiene implicaciones morales. También creo que el paso del tiempo le ha perjudicado. Por lo tanto, os lo recomiendo como lectura ligera. Si queréis conocer la historia, pero no tenéis tiempo y buscáis libros mejores, entonces os recomiendo directamente la película.

Asier Pérez Riobello

El periodista deportivo (Richard Ford)

Escrito por letrerodelmundo 27-10-2016 en Crítica. Comentarios (0)

Había intentado leer este libro dos veces, mucho antes de que al autor le concediesen el Premio Princesa de Asturias 2016. Por alguna extraña razón, me resultaba imposible pasar de la página treinta. Por fin, aprovechando la concesión del premio, me armé de paciencia y llegué hasta el final. Ya sabéis, pura cuestión de vanidad adulta, poder decir que has leido a Richard Ford, bla bla...

Lo que me gusta de los autores norteamericanos es que saben mezclar épica y cotidianidad como nadie. Es verdad que también pueden ser algo plomizos, yo diría que incluso algo sombríos, pero nadie es perfecto. Ni siquiera los autores norteamericanos. Yo soy de los que creen que la literatura experimental está sobrevalorada (esto lo digo por la literatura española de los últimos cuarenta años), y de los que prefieren una buena historia redactada con estilo contenido y elegante. En ese sentido, Richard Ford, es un autor perfecto. El periodista deportivo fue la novela que le catapultó a la fama y también el primer trabajo donde aparece su alter ego, Frank Bascombe, un hombre que, tras la muerte de su hijo y su posterior divorcio, abandona su carrera de escritor con una firme decisión: alejarse de las complejidades de la vida intelectual y vivir sin esforzarse demasiado a nivel mental. Es decir, superar su profunda depresión.

Por supuesto, el personaje central funciona como pilar central del relato. Si nos cae bien Frank, nos gustará el libro. Si por el contrario, las motivaciones y el comportamiento de Frank nos parecer ridículas (o incluso inmorales), corremos el riesgo de abandonar la lectura. No se trata de compadecernos del personaje o de ponernos en su lugar, sino de dejarse llevar. Y en esto radica la maestría de Richard Ford, que maneja los hilos de la vida cotidiana con mucha soltura, dentro de la gran tradición norteamericana (sí, estoy pensando en Salinger: ¿para cuando un post sobre El guardián entre el centeno?). Así pues, acompañamos al bueno de Frank en cada una de sus tribulaciones, en cada uno de sus líos amorosos, en cada una de sus decisiones. Nos vemos capaces de meternos en su mente, por decirlo de alguna manera.

Richard Ford cultiva un estilo muy americano: frases sueltas, ritmo constante y cierta contención. Es muy sobrio, al menos tan sobrio como el pensamiento de Frank Bascombe, de manera que no abundan las descripciones objetivas, sino más bien los juicios de valor. Porque lo irónico del asunto es que, aunque Frank quiera alejarse de las tribulaciones, se pasa todo el santo día dándole vueltas a las cosas. No lo puede evitar, es un individuo atormentado, que lucha por mantenerse a flote bajo su comportamiento de "tipo duro". En ese sentido, no tengo nada que reprocharle a Richard Ford. El problema es que el libro se hace demasiado repetitivo: pensamiento-fracaso-moralina vitalista final, y vuelta a empezar. Es una de las consecuencias negativas de los libros escritos en primera persona.

Afortunadamente, tenemos al bueno de Frank para levantarnos una sonrisa de vez en cuando. Pese a sus defectos, es un gran tipo. Así que, si queréis conocerle, no dudéis en dale una oportunidad a Richard Ford. Premios aparte, es un escritor bastante competente.

Asier Pérez Riobello.